Publicado en Núvol, digital de cultura.

De textil y otros conceptos es la cuarta muestra comisariada por Frederic Montornès en la Galería Trama. Todo comenzó con Parque Natural (09.29.16 -15.11.16), colectiva que convirtió la galería en jardín botánico plástico con obras de José Ramón Ais, Rosa Amorós, José Díaz, Jerónimo Hagerman y Jan Monclús. Después vinieron las individuales de German Portal (12.01.17 -28.02.17) y Marco Noris (02.03.17 -04.04.17). Ahora es el turno de la pintura inquieta y desacomplejada de Segimon Vilarasau, pintura con vocación performativa que no puede evitar moverse.

Vilarasau convierte la tela en campo de batalla, laboratorio de experimentación y playground: agujerear la, crema-la rociarla con ácido… todo vale. En Pinzas ropa, dejó este electrodoméstico sobre la tela durante toda una noche en una noble batalla de egos: o ella o yo. No es un acto de iconoclastia; tampoco un impulso (auto) destructivo como el de Gustav Metzger. Es boicotear lo que uno mismo ha engendrado para no convertir la obra en tótem. El soporte -tela, cartón o patata- es, pues, tan estimulante como el pigmento. La habilidad de Vilarasau para sacar el máximo provecho queda patente en «Psicopatatas», serie que nos hemos quedado con ganas de ver a Trama donde los familiares tubérculos muestran su rostro más siniestro .

Los colchones, las camisas, las mantas térmicas … hasta el objeto más anodino parece estar animado. De textil y otros conceptos nos descubre la magia de las cosas: sábanas que se escapan de contenedores de reciclaje, camisas que nos miran con ojos inquietantes o una dorada manta que se despliega por diferentes cartones hasta llegar al máximo esplendor de su apertura en un gran lienzo. «Las obras de Segimon Vilarasau reactivan ideas- explica Frederic Montornès- son» puntos de referencia sobre una tela que, más que una ilustración, se diría que tienen vida propia. O que viven por sí mismas».

Si el trabajo de Vilarasau parece tener vida propia, la pieza site-specific que Martín Llavaneras expone en el Espacio 13 de la Fundación Miró la tiene.

En Fruit Belt -nombre que reciben las áreas con un microclima ideal para la producción de fruta-, el artista leridano ha recubierto el sótano (a.k.a. Espai 13) con una lona plástica translúcida que atraviesa transversalmente la sala para simular uno de los lugares destinados el almacenamiento de manzanas. Así, haciendo uso de técnicas post-cosecha orientadas a retrasar el proceso de oxidación de los vegetales, consigue un clima artificial que emula las condiciones ideales que alargan el ciclo vital de estas frutas. Es un Brave New World que las mantiene jóvenes y fuertes.

Pero como toda distopía, esconde un reverso oscuro. Para que podamos comer una «simple» manzana, se ponen en marcha sofisticados mecanismos que acaban por convertirla en un producto tan elaborado y manipulado como un Iphone. Y esto no es en balde. En el empeño de querer conservar el fruto y prolongar su vida se producen una serie de intervenciones que desestabilizan el medio ambiente.

Quizás la maquinaria que Martín Llavaneras recrea al Espai 13 no sea menos absurda que la del film The Way Things Go de Fischli y Weiss que se puede ver en la misma Fundación. Y si seguimos así, seguramente todo acabe también en colapso.

En la imagen, detalle de la exposición de Martín Llavaneras en la Fundación Miró.