Versión extendida de articulo publicado en Bonart Cultural.

Como trabajadores del arte, debemos siempre reflexionar sobre nuestra posición dentro del proceso de producción así como que tipo de relaciones establecemos con nuestros colegas. ¿Cuál es, entonces, la labor del comisario? ¿Con quien trabaja?¿Para quién?¿Cuál debe ser, en definitiva, la relación entre el curador y el artista?

El trabajo del comisario es siempre el de acompañamiento. Su función es la de auxiliar al artista. Por eso, su tarea se asemeja a la de una doula, partera, comadrona, matrona…  De esta manera, podemos hablar del comisariado como mayéutica, esto es, como arte obstétrico o como arte de hacer nacer (exposiciones). Hay que entender que el comisariado es un trabajo en equipo donde cada uno desarrolla una labor distinta pero complementaria. Es cierto que el artista puede dar a luz sin un curador. Pero el trabajo será mucho más engorroso, y las complicaciones lo pueden llevar a la muerte (metafórica, claro).

El comisario no es un guardián con poder legitimador que desarrolla tareas de vigilancia. Su material no son objetos -bienes culturales- que cataloga, inventaría, documenta, estudia. Su labor no debe ser meramente organizativa y seleccionadora. El comisario trabaja junto con artistas. Por eso su tarea es la de cuidados: brinda apoyo físico, emocional e informativo. Figura evidentemente transversal entre la producción artística y su exhibición, camina siempre entre tres espacios: la biblioteca, el taller y la sala de exposiciones. 

Sócrates, según nos cuenta Platón en el Teeteto, explica así el arte de la mayéutica: primero, despierta y apacigua los dolores del parto. Segundo, conduce bien los partos difíciles. Tercero, provoca, si es necesario, el aborto. Se trata así de un proceso alambicado en el que nuestra tarea como comisarios consiste en sacar del artista lo que hay en de latente e inconsciente, de convertir en presencia lo que sólo se encontraba como potencia. Se trata de descubrir juntos, de sacar del artista lo mejor de él (y no aquello que nos interesa de él). También de combatir lo erróneo. Su trabajo empieza, por tanto, mucho antes del rompimiento aguas. La buena partera -explica también Sócrates- es aquella que es capaz de amañar felices matrimonios.

Lo que une artista y curador es siempre la conversación y el diálogo, entre ellos se establece una relación dialéctica que se dirige hacia un proceso de aprendizaje conjunto. Ambos deben ser capaces de crear un espacio de trabajo y reflexión que convierta la exposición en “una obra que construyen dos protagonistas y que se completa cuando ambos logran ingresar en el mundo del otro”. 

 
Y entonces, ¿qué frutos deben surgir de ese alumbramiento? Deben dar a luz leviatanes.

«Nadie hay tan osado que lo despierte… De su grandeza tienen temor los fuertes… No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios» Hobbes, Thomas. Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil.