Artículo publicado en Núvol-Digital de Cultura.

Ningún otro país en el mundo está tan presente en nuestro imaginario: podemos nombrar al menos cuatro presidentes y cinco estados, reconocemos la bandera, sabemos tararear el himno, de allí provienen el 90% de las películas que vemos y tres de cada cuatro canciones que escuchamos … «Junglas» de Xevi Solà en la galería Esther Montoriol y «Zonas Fronterizas» en el Espacio 10 presentan dos miradas al sueño americano. Si Solà nos muestra su universo particular empapado de cultura yankee, la muestra organizada por la plataforma Mesa para México en el marco del festival Susurros del Mèxico Olvidado nos enseña la cruda realidad de quienes viven la violencia en la misma piel y huyen hacia esta Ítaca postmoderna.

Xevi Solà no había estado nunca en Estados Unidos hasta hace un par de años, cuando emprendió un viaje de dos meses en un autocar «lleno de chinos» -como él mismo nos cuentas-. Este pintor gerundense es pues el antropólogo que observa y describe con curiosidad infantil un pueblo que no ha visitado. Las visiones voyeurístiques que presenta Solà juegan con clichés fácilmente reconocibles para crear ambientes extrañamente mundanos donde lo cotidiano se vuelve inquietante.

Las casas unifamiliares de ventanales alargados y tejados a doble agua, las habitaciones de motel con biblias a las cajoneras de las mesitas de noche, los respiraderos en las paredes envueltas de papel, fascinan por todo lo que tienen para nosotros de ajeno. Se podría decir que sus obras funcionan como objetos fetiche donde rinde culto a los héroes y antihéroes que admira -freaks e inadaptados de la periferia norteamericana que desfilan de manera desinhibida- y que pintarlos es dotarlos de corporalidad.

Si Solà retrató obsesivamente una América estereotipada de pescadores salidos de la misma Lousiana, sheriffs, cosplayers, gangstas y militares, desde aquel viaje low cost que imaginamos digno de road movie, ha empezado a pintar otro continente que aún no ha pisado. Aparecen por primera vez dandys congoleños con indumentaria occidentalizada. Los sapeurs -nombre que recibe esta tribu urbana nacida en las ciudades de Kinshasa y Brazzaville que emula la moda de los colonitzadors- muestran orgullosos unos outfits llamativos de combinaciones cromáticas tan arriesgadas como las de Agatha Ruiz de la Prada. Si en los años sesenta su manera de vestir afrancesada era símbolo de estatus, con la independencia y la prohibición de la ropa extranjera, la subcultura sapeur se convirtió en una manera de desafiar el statu quo.

En «Junglas» encontramos una pintura de colores ácidos, vivos, saturados, con un aire onírico de ángulos aberrantes, puntos de vista distorsionados y encuadres dislocados. Solà confiesa sin complejos que cada vez le interesa menos la narratividad y que le atrae la parte más visual y decorativa de la pintura. Seguramente por eso algunos de sus cuadros parecen variaciones infinitas del American Gothic (sí, aquel cuadro donde vemos una pareja en primer plano, él sosteniendo una horca y al fondo una casa que recuerda Psicosis).

Pero las pinturas de Solà están también plagadas de citas al arte europeo: los fauvistas o Van Gogh y su habitación en Arles. Y Matisse, sobre todo Matisse. Porque colocar una raya verde en medio del rostro de tu mujer puede ser un acto tanto decorativo como subversivo. Maestro del color, de los paisajes de tonalidades exaltadas, de las habitaciones de gamas cromáticas irreales y los cuerpos de carnaciones extraplanetàries, Solà convierte las hojas matissianas en tatuajes sobre las piernas de una chica que se remoja traviesamente en una piscina o sobre el pecho de un redneck de mirada perdida.

Si Solà muestra un sueño americano enrarecido, Zonas Fronterizas expone la cruda realidad que acosa al país vecino. El equipo curatorial formado por Antonella Medici, Andrea Diaz Mattei, Lola Zavala y Ana Paula Sánchez ha seleccionado dos piezas sonoras que liberadas de la espectacularidad de la imagen denuncian las diferentes violencias a las que debe hacer frente diariamente la sociedad mexicana.

Esta muestra forma parte del festival cultural interdisciplinario Susurros del México Olvidado, organizado por Mesa para México y que busca hacernos reflexionar sobre las problemáticas sociales y la vulneración de los derechos humanos que sufre este país a través de diferentes actividades artísticas, culturales y formativas programadas entre el 14 de septiembre y el 4 de noviembre.

La pieza interactiva de Luz María Sánchez (Guadalajara, México, 1971) forma parte de una serie de tres instalaciones escultóricas sonoras, un total de 700 radios en forma de pistola que reproducen pistas de sonido extraídas de vídeos de Youtube que muestran » balaceras «(tiroteos en plena calle) registradas por los propios usuarios en momentos tan diferentes como una noche de fiesta o una primera comunión.

Es esta experiencia cotidiana de la muerte la que lleva a muchos mexicanos a emprender un peligroso camino hacia los Estados Unidos, donde escapan con la esperanza de poder empezar una vida mejor. El artista e ingeniero de sonido Félix Blume (Narbonne, Francia, 1984) borra la distancia entre sonido y música en una pieza sonora minimalista que capta como el sueño americano se convierte en pesadilla ya antes de empezar. Grabada en Lechería, punto estratégico de la ruta por ser el punto donde este tren popularmente conocido como «La bestia» pasa a menor velocidad, Fuga reflexiona sobre las rutas migratorias de México hacia los Estados Unidos y capta la vulneración sistemática de los derechos humanos en la que se ven sometidos aquellos que se embaracan.

El American Dream, leyenda apócrifa que cuenta que en Estados Unidos si trabajas duro y obedeces las reglas consigues nadar en la abundancia, tiene tanto real como Mickey Mouse o Superman. El sueño americano, ahora lo sabemos, es una mentira (no piatosa).

En la imagen, Xevi Solà, «Pool 1», óleo sobre lienzo, 100 x 100cm, 2017.